6 de octubre de 2014

Un Maldito Seductor / Capítulo 1

Capítulo 1: “Eres todo un caballero…”

Estaba enojada…

Si… Sam estaba enojada conmigo…

La había encontrado justo donde la dejé, al lado de ese descomunal hombre y su olor a axila sudada.

Al verla me dio un sermón que duró hasta que terminó el concierto, solo ahí se calmó para poder ir a pedir un autógrafo a la banda.

Luego de aquello, le conté que me había quedado hablando con él chico de la cabellera oscura.

Ahora ella no quería dirigirme la palabra por haberla cambiado por un chico guapo y dejarla sola. Le ofrecí disculpas unas mil veces, pero no me habló.

Bueno… Después de todo, sabía que en algún momento se le iba a pasar.

Pero aún así, el día no terminó bien. No logré ver al chico de nuevo y además nunca supe su color de ojos.  ¡No sabía ni su nombre!

Suspiré y seguí con mi trabajo. Hoy tenía que ordenar los libros por orden alfabético  en el área de las novelas de terror.

Si… Sam y yo trabajábamos en una biblioteca, y es aquí donde nos conocimos y nos hicimos buenas amigas.

Ambas juntamos dinero para estudiar lo que queremos… Sam quiere estudiar cosmeticología  y yo… Bueno… Aún no lo había decidido, pero quizás algo relacionado con la literatura, pues amo los libros.

Es por eso que trabajaba en la biblioteca.

Odiaba los horarios, a veces tenía que volver muy tarde al apartamento, hacía mucho ruido y Sam se enojaba.

Odiaba levantarme temprano, preferiría mil veces quedarme atrapada un poco mas en las sábanas.

Y sobre todo odiaba el uniforme, el fucsia y el rosa chillón no eran mi combinación preferida.

Pero amaba los libros, y solo por eso nada mas importaba.

Estaba subiéndome a la escalera para alcanzar las novelas de arriba, cuando escuché la puerta de la tienda abrirse. Estaba en la parte de atrás de la biblioteca, pero era tan silenciosa y grande que se escuchaba hasta el chocar de una mosca contra un vidrio. La jefa no permitía sonidos a excepción de las hojas de los libros cambiando de página.

-         Disculpa –susurró alguien a mis espaldas, sacándome de mis pensamientos-

-          ¿Si? –susurré en respuesta, concentrándome en mi trabajo- ¿Qué necesitas?  

-          ….Un hotdog sin mostaza, un bebida tamaño medio y unas papas fritas… -susurró irónico- Vine aquí por un libro ¿Por qué más sino? –enarqué una ceja-

-          Ah… Lo siento, no lo sabía… -respondí irónicamente en mi defensa- Pero si quieres papas fritas, ve al frente y encontraras un puesto de comida rápida, se llama: “Comida para bromistas sin gracia” –Si me están buscando, pues me encuentran… Hoy no estaba de humor-

-          ¿Es que acaso no hay alguien en este lugar que me atienda de buena manera? –sonó brusco detrás de mi-

-          Hey… Tu comenzaste, no yo… -dije colocando otros de los libros en su lugar- Además tuve la buena voluntad de atenderte, siendo que primero tienes que preguntar si está el libro que buscas en la recepción-

-          Pues no hay nadie en recepción que me atienda, el puesto está vacio –su voz se volvió más suave y calmada, por lo menos podía tener una conversación decente y civilizada-

Espera… ¿Sam no estaba en la recepción?

Miré la pantalla del celular para verificar la hora. Y si, efectivamente como lo creía eran las tres de la tarde, hora del retoque del maquillaje de Sam. Era su “tradición” y jamás nadie podía decirle lo contrario…

Créanme, lo intenté. No es nada bonito recordarlo, Sam dio vuelta todo el departamento buscando el maquillaje que había escondido muy bien en unos de los cajones de mi habitación bajo llave. Ese día se las ingenió para maquillarse con jugo de fresa en polvo, delineándose los ojos con pedazos de carbón y encrespándose las pestañas con una cuchara.

Se enojó conmigo por una semana después de devolverle su maquillaje, pero aún se colorea los labios con jugo en polvo. Esa parte la comprendo muy bien… Me relamí los labios, aún quedaba un poco de sabor de hoy en la mañana cuando Sam me prestó parte de su “labial”.

-          Emm… Debe de estar en el baño, no tarda… -esa era una gran mentira, Sam tenía como mínimo una media hora allí dentro-

-          No tengo tiempo, necesito el libro… -dijo tras de mí, su voz hacía eco en mi cabeza-

-          Ok… Ok… -organicé otro libro más, estaba a la mitad de terminar de ordenar este desastre- ¿Qué libro buscas?

-          “Magnum, Magnum” –dijo sin balbuceo en su voz-

-          ¿Magnum, Magnum? No recuerdo ningún libro con ese nombre… -Intenté girarme para verlo, pero estaba justo detrás de mí. No podía rotar mi cabeza en 360° así que no pude verlo… Y por alguna extraña razón su voz me era familiar…. -¿De que trata? ¿Romance, Misterio? ¿Alguna categoría en específico?

-          ¿”Fotografía”  es una categoría? –lo escuché posarse en la escalera-

-          Ahhh… Así que un libro de fotografías… -interesante- Creo que están por el lado de allá- indiqué a mi derecha -

-          ¿Entonces?

-          Guardamos ese tipo de libros, en las estanterías altas, porque son menos recaudados… Así no me tendré que bajar de la escalera… Solo tengo que acercarm….

-          Bien

Sentí un leve empujón, y luego uno fuerte hacia mi derecha, me agarré fuerte de la escalera, semisentándome en un escalón.

El chico me empujó bruscamente hacía las estanterías de la derecha, haciendo que me chillara internamente.

-          ¿Aquí está bien? –dijo entre risas-

-          Dos palabras… ¿Quieres matarme?

-          Oh, vamos… No fue para tanto, niña llorona –lo escuché reír mientras me colocaba de pie firmemente en la escalera, nuevamente-

-          No soy una niña…

-          Pero actúas como una –lo sentí apoyarse nuevamente en la escalera-

-          Mira quien lo dice –me enfoqué en buscar los libros, en vez de hablarle a la persona que quería mutarse con mi sombra, el muy maldito no era capaz de mostrar la cara- Magnum… Magnum… Maaaa…gggg….nnnn

-          ¿Sabes que lo que haces se ve ridículo? -me dijo con voz firme-

-          Por favor… Cállate ¿Quieres? –le dije, se me estaba agotando la paciencia- Categoría… ¿Geografía? Me llevaste a la sección equivocada… Fuiste muy a la derecha…

-           Entonces devolvámonos –sentí el empujón nuevamente, pero esta vez hacia mi izquierda, seguro esta vez me caía… -

-          ¿Por qué tienes que hacer eso?

-          ¿Y por que no? Es divertido… Para mí…

-          ¿No tenías prisa? –me dirigí hacia los libros, primero me fijé en la categoría “Arte y Cultura: Fotografía”

-          Lo dije solo para fastidiarte… -el muy imbécil no tenía vergüenza-

-          ¡Lo encontré! Magnum, Magnum ¿Verdad? –alcé el libro detrás de mí para que lo viera-

-          Si, es ese…

-          Bien… -eso era todo, necesitaba bajarme de allí y hacerlo pasar por recepción-

Coloqué un pie tras otro cuidadosamente para no resbalar, pero… ¡Oh, destino cruel! Resbalé en uno de los cuatro últimos escalones y caí sobre mi trasero.

Solté un pequeño chillido y me sobé parte de la zona adolorida, seguro esto traería moretones… ¡Hermoso tatuaje artesanal me había hecho!

Visualicé las zapatillas deportivas del chico, y luego una mano se extendió poco a poco hacía mi, traía una pulsera negra con bordados plateados en ella, decía: “Black Winter”

Estiré mi mano para apoyarme en la suya, pero para cuando me iba a afirmar, no había ninguna muñeca en que afirmarme. Su mano estaba depositada en el libro que se me había caído y no en mí. Vi claramente como lo llevó hacía si, dejándome tirada en el suelo. 

¡Era todo un caballero!

Por cierto… Estoy siendo irónica..

-          Gracias por ayudarme –me levanté con enfado, sacudiendo mi pantalón rosa chillón-

-          Te caíste sola, te levantas sola… -se burló de mi-

-          Ah… Si… Eres todo un caballero –alcé la vista para que, por primera vez, lo pudiese encarar a los ojos-
¡Ay Dios Mío! ¡Mátame y revíveme! ¡No merezco ver esta creación divina!

Era espectacularmente atractivo… Era alto, así que tuve que alzar un poco la barbilla para poder verlo a la cara, era de tez pálida, pero cálida. Usaba una camiseta azul y un pequeño collar plateado se dejaba asomar. Su cabello era negro, negro brillante y lacio, con algunas pequeñas ondas que le daban vida a su rostro. Sus labios enarcaban una sonrisa coqueta hacia mi y mi corazón voló hacía las nubes y regresó a la vida terrenal. Y sus ojos me veían directo hacia mí. Olvidé pensar…

¿Cuánto era dos más dos? ¿Pato? Si esa es la respuesta estoy bien, si no lo es… Estoy perdida…

-           Creo que dos más dos es igual a cuatro… -dijo hacía mi-

-          ¿Ah? ¿Qué? –lo miré estupefacta intentando no hacerme agua en ese instante-

-           Que dijiste que dos mas dos era igual a pato… -sonrió medio de lado-

-          Yo… ¿Qué? –abrí los ojos de par en par… ¡Había hablado en voz alta! ¡Trágame tierra! –Escuchaste eso…

-          Sip, eres rara…

-          Ah… -Cambia de tema, cambia de tema- Olvida eso… ¿Vamos a ver tu libro en recepción…

-          Ok… Ojalá no pierdas la conciencia por 5 minutos otra vez… -me siguió-

-          ¿Qué yo hice que? –lo encaré-

-          Broma… Broma… -se rió de mí, no me importaba… La verdad su sonrisa era etérea-

Llegamos al mostrador y Sam no se veía por ningún lado, tendría que hacer yo el procedimiento de agregarlo al sistema… Si es que Sam no tuviese el ordenador con clave…

-          ¿Qué sucede? –se ganó detrás de mí para ver la pantalla del ordenador-

-          Sam tiene contraseña en el ordenador…

-          Ammm… Ya veo… -dijo él, sentí su suave colonia, era como para hacerse agua a la boca… Pero aún así, muy cerca, muy cerca-

-          Emmm… -me aparté de él unos centímetros- ¿La esperarás?

-          Si, no hay de otra… Tengo tiempo…

Nos quedamos unos segundos en silencio… Era incomodó…

Apoyo la cadera en el respaldo de la mesa y hecho parte de su cabello negro hacía atrás con una de sus manos, con la otra sostenía el libro. Me fijé en esa, y visualicé nuevamente la pulsera de “Black Winter”

Un tema de conversación…

-          ¿Te gusta Black Winter? –le dije apuntando su pulsera con curiosidad-

-          No, pero fui a su concierto anoche… -dije sin mirarme-

Mis engranajes cerebrales comenzaron a funcionar, estaban demasiado oxidados como para recordar algo antes… Esa estatura, ese cabello, esa voz…

Era él…

-          Eres el chico de anoche –me paré bruscamente de la silla-

-          ¿Perdón? –me vio extrañado-

-          Tu me invitaste un café… Realmente malo… -saqué la lengua al recordar su sabor-

-          ¡Ah! La chica de los 20 minutos… -dijo el bruscamente-

-          ¡Hey! Eso no se oye bien… Cualquiera que lo escuchara la malinterpretaría –le dije colocando mi dedo índice en mis labios, señal de silencio-

-          Ok… Entonces… ¿La chica del café? –sonrió gustoso, me sonrojé ante su gesto-

-          Tengo nombre –me cruce de brazos- Me llamo Lyann… Lyann Blair

-          Es cierto, jamás me dijiste tu nombre… -colocó una mano sobre su barbilla, meditando-

-          Tu tampoco me has dicho el tuyo… -lo miré de reojo, la curiosidad me carcomía, pero que no sea algo como, Pedro o Jacinto o Facundo… ¡Eso no! ¡Asco de nombre!-

-          Mi nombre es Andrew, Andrew… Crown

¡Hasta el nombre era perfecto! Andrew… Mmmm… Andrew…
-          Así que Lyann ¿Verdad? Te veías mas adulta anoche… -lo miré con los ojos abiertos- Pero eres… Una niña…

-           ¡Hey! Tengo 19… ¿Ok? –me sentí insultada, se que no tengo un físico de mi edad, pero tengo dignidad- Tu te veías mas simpático…

-          ¿No lo soy?

-          No, no lo eres –me volvía a sentar en la silla, cruzándome de brazos y de piernas-

De pronto sentí una puerta abrirse. Era Sam. Llegó con su bolso y lo dejó sobre el mostrador. Luego se percató del chico, sus ojos se abrieron de par en par. Su vista se dirigió hacia mí, luego a él, luego a mí.

-          En… En que… -tragó saliva notoriamente- ¿En que puedo servirle?

-          Necesito un plazo para pedir este libro –colocó el mencionado sobre el mostrador-

-          Ok… ¿Magnum, Magnum? ¿Verdad? –me vio para que me retirara de su silla, obedecí inmediatamente-

-          Si, por favor –dijo él, me dirigí hacia las estanterías altas de nuevo- 

Los vi conversar un rato mientras pasaba el libro, y las hábiles manos de Sam escribían en el ordenador. Andrew firmó un papel y Sam timbró la parte de atrás del libro.

Luego, vi a Andrew dirigirse hacia mí, mientras Sam me hacia señales detrás de él diciéndome que quería conversar conmigo más tarde.

-          ¿Qué haces? ¿No puedes subirte? –me dijo-

No me di cuenta que tenía un pie sobre la escalera y el otro en el suelo, ni siquiera me había movido de allí.

-          Yo… Estaba pensando algo… Que… Creo que se me olvidó … -me rasqué la oreja izquierda, señal de que estaba nerviosa-

-          Quería preguntarte si es que hay salida de atrás en este lugar –apuntó a la salida de escape-

-          Si la hay ¿Por qué? –subí un pie al escalón-

-          Quiero salir por allí, ¿Puedo? –me miró hacia arriba, estaba 10 centímetros por encima de su cabeza-

-          No, creo que no, es solo para emergencias… ¿Por qué? ¿No puedes salir por la del frente?

-          Lo necesito… Y no, no puedo… Y no preguntes…

Me callé, se veía serio, y me preocupaba. Así que me dirigí a la puerta de escape, le saqué el seguro y la abrí para él.

-          Gracias, eres un caballero –dijo él imitándome-

-          Estoy dando el ejemplo a los que les falta modales

-          ¿No tienes un estante que arreglar? –apuntó a mi trabajo-

-          ¿No tienes un libro que ver? –le respondí de inmediato-

-          Nos vemos cenicienta, quiero esos libros ordenados para cuando regrese –y cerró la puerta en mi cara-

-          ¿Cenicienta? –enarqué una ceja- ¿Me trata como esclava?

Era un completo antipático. No hizo más que fastidiarme, además de admitirlo, no comportarse como un caballero y ser un completo infantil. Solo faltaba que se…  

Sentí la puerta abrirse de nuevo cuando me dirigía rezongando a mi trabajo. Me di media vuelta para encontrarme con la cabeza de Andrew asomándose por una orilla del marco…

-          Por cierto… Ese uniforme no te queda… Pareces una tabla –sacó la lengua y cerró la puerta, antes de que un lápiz le cayera en la cabeza-

¡Solo faltaba que se burlara de mis pequeñas e inexistentes curvas!

Pensé mientras mi mano dejaba la pose después de lanzarle el “Lápiz-proyectil”

Era un… Un… ¡Maldito Imbécil!

¡No iba a dejarme llevar por lo guapo que era! Abría la boca y mostraba lo egocéntrico e hipócrita que podía llegar a ser…

Se ganó un espacio en mi lista negra…

-          ¿Lyann? –dijo Sam detrás de mí- ¿Quién era ese ejemplar de hombre?

-          Él chico que te conté anoche, el del café…

-          ¿Él? ¡Dios Lyann! ¡Te ganaste la lotería! –comenzó a chillar por lo bajo- ¿Qué planeas hacer con todo ese “exquisito dinero” llamado Andrew?

-          Donarlo a caridad… -rodeé los ojos-

-          ¿Qué? ¿Estás loca? –me miró con sus ojos delineados-

-          Sam… Vuelve al trabajo... Conversamos en la noche ¿Ok? –le guiñé un ojo-

-          De acuerdo… Pensar que una va al baño 5 minutos y se pierde toda una escenita… -susurro para si- ¿Por casualidad, Lyann, viste su hermoso color de ojos?

-          Si, si los vi Sam… -y me subí a la escalera nuevamente para seguir mi trabajo-

Es cierto… Gris Celeste… Ese era su color de iris…
   

   

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